Conozco el parque desde hace muchos años. Recordaba que jamás había
visto una mujer así.
Toda la
gente conocía al dibujante del parque, yo, pero eso no me
importaba. Yo quería que ella supiera de mi existencia.
Cada tarde, me retiraba con una sonrisa; pintar y dibujar me la
producían.
Una
mañana, comprando carboncillos con el señor Pedro, la vi feliz
platicando con un hombre a unos metros. Portaba buen traje, corbata, zapatos y
cinturón con iniciales las LP. Me di cuenta de que él era muy buen candidato.
Ella estaba a gusto con él.
Lleno de odio, rabia y coraje, pagué los carboncillos y me dirigí al el
parque.
Llegando
al parque, un niño me esperaba con las flores. Las compraba diario para ella.
En ese momento le arrebaté las flores, las tiré al suelo y comencé a pisarlas.
Solo así tranquilicé mi coraje. Después se las pagué al niño y me arrepentí de
haberles hecho eso. Nunca pensé en llevárselas al panteón y ponerlas en la
tumba de mi madre y padre.
Cuando
ella llegó al parque, lo primero que pinté fue un corazón roto. Al
paso de unas horas, comencé a mirarla nuevamente. Sabía que no podía dejar de
admirarla por más enojado que estuviera.
Posteriormente,
me percaté de que no podría enamorarla jamás. Mis ánimos se extinguieron.
Comencé a dibujar y pintar imágenes nuevas, y
cosas llenas de color negro y rojo, representando sangre y obscuridad.
Pronto
me levanté. Comencé a llorar. Y en segundos solté un puñetazo al caballete y
tiré el cuadro que había pintado. Salí corriendo. Parecía caballo desbocado.
Tendría que haber corrido varios kilómetros, hasta el otro lado del municipio. Después
de tanto correr, estaba muy cansado y me detuve. Observé alrededor. Me di
cuenta de que nunca había estado ahí. Me sentí mal.
Ella esperaba unas flores como cada día. Yo solo buscaba el pretexto para huir, pero no pude encontrarlo. Solo me sentí decepcionado de mí. Estaba dolido.
No quería vivir en ese instante. Lo único que recordaba eran las
iniciales de aquel tipo. Mi potencial se esfumaba cada vez más. No podía
imaginar que ella estuviera con otro hombre.
Esa
noche dormí con dos gatos y un perro abandonados. No sé si yo era el que sentía
lástima por ellos o ellos por mí. Simplemente dormí. No cabe duda que había
perdido mi trabajo, mis ánimos, mis amigos, mi parque y también a ella.
Prometí
que jamás volvería a sentir amor o cariño por alguien. Me resigné y me propuse
llevar una nueva vida en aquel barrio bajo, dándole hogar a esos dos gatos y a
ese perro.
simplemete amo la forma en la escribes !!! adoro esa forma en la que me conduces a la historia te veo y me veo dentro de ella!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarlove you!