domingo, 24 de marzo de 2013

De carboncillos a pinceles



Han pasado un par de meses. Amalia se ha mostrado con más interés en mis trabajos, pinturas e incluso en mí.  Me ha regalado pinceles, oleos, acuarelas, etcétera. Hacía mucho tiempo que una persona no se preocupaba por mí.


Ya pasaron tres años desde que comencé mi relación con Amalia. Aprendo muchas cosas con ella. Tengo deudas con muchas personas: Ralph, Diego, Joseph (el dueño del circo) y, últimamente, Amalia. Algún día les pagaré todo lo que hicieron por mí.  En fin, son más de 250 pinturas las que he hecho en estos tres años. En ocasiones, me desespero al no tener ideas de qué pintar  y me dirijo al espejo para actuar como mimo, solo para recordar viejos tiempos. Mis tres mascotas aceptaron a Amalia.  Ella influyó mucho para que, yo me retirara del circo. Pensé que era tonto dejar mi trabajo por ella. Sin embargo, no sabía que ella me introduciría en la pintura profesional. Poco a poco he ido subiendo de nivel. No digo que soy un Miguel Ángel, pero al menos me defiendo en el tema. He pasado de pintar con carboncillos a hacerlo con pinceles.

Para Amalia es muy importante el arte. Yo sabía que era crítica, pero no qué tan significativa era. Amalia me ha obligado a usar siempre el aparato. Ya tengo una mejor fluidez en el habla, pero sigo sin poder pronunciar gracias. Me ha presionado e insistido que coloque mis pinturas en una subasta, y así recaudar fondos. No tengo muchas ganas de presentarme en algo así. Quizá ponga unas cuantas pinturas mías en subasta, pero no todas.

Se acerca mi aniversario. Desearía poder estar solo con Amalia todo el día, pero me ha invitado a una exposición, hasta ahora no sé de qué sea. Amalia, la patrocinadora y mi fuente de alegría, lo ha mantenido en secreto. Espero que no me haga ir a lo tonto.

Mi aniversario y la exposición llegaron. Amalia ya está explicando cada una de las pinturas. Después de mirar un par de cuadros, me sorprendí. ¡Oh! La exhibición era de mis pinturas. Amalia me estaba dando el mejor regalo. 
Llorando de alegría, interrumpí a Amalia en su explicación, y lo único que hice fue tomarla por las manos y besarla. Al término del beso me salió una palabra hermosa para ella. Era la palabra gracias.
Después de caer la tormenta, llega la calma. Mi padre tenía razón al decir eso.

domingo, 17 de marzo de 2013

La mano de un amigo

Comenzó la función. Mis nervios estaban al borde. Detrás del telón, miré hacia el público. ¡Oh! Ahí estaba Amalia. En ese momento mi corazón comenzó a latir tan fuerte que parecían tambores. Comencé a sudar. El maquillaje se me había corrido. Regresé a mi camerino a retocarlo. ¿Qué me estaba pasando? Los nervios me traicionaban. Terminaba y empezaba un episodio. Se acercaba cada vez más el mío.

Prendí mi aparato. Escuché la presentación de mi acto. Tembloroso entré al escenario. Inicié y, sonaba la música de fondo. Toda la gente prestaba mucha atención a mis movimientos. El arte había cobrado vida.
Afortunadamente la rutina fue un éxito. Amalia parecía contenta. Comencé a emocionarme. Todos me recibieron y despidieron con una ovación.
Salí de la carpa, dirigiéndome a mi camerino. Ahí, se presentó Amalia frente a mí, y me felicito efusivamente por mi actuación. No pude articular palabra alguna ni mucho menos inclinarme como agradecimiento. Lleno de impotencia me di la vuelta y salí corriendo del camerino. Entre tanta gente solo buscaba esconderme.


Diego, el más pequeño de los payasos, se dio cuenta de lo que había ocurrido. Amalia, impresionada de mi acción, le preguntó: ¿Por qué huyó de mí?

Diego comenzó a explicarle mi situación. Le dijo de los dibujos, de las flores y de lo que yo sentía por ella. Amalia sonrió y comenzó a cuestionarlo más sobre mí. Él amablemente le dijo la buena persona que soy, el buen pintor, y actualmente uno de los mejores mimos. También le dijo de mi problema del habla. Ella se decepcionó al saberlo, pero él la convenció de que valía la pena hacer el intento. Después de ver todos los blocks y dibujos de ella en mi camerino,  ella aceptó luchar y comenzar algo conmigo.
Diego, entusiasmado, fue a buscarme. Siempre que me ocurría algo, yo corría a la jaula de los tigres. Me explicó lo de Amalia y pronto me alegré. 


Regresé al camerino y antes de que Amalia dijera algo, comencé a realizar un episodio para ella sola. Al término del acto pude inclinarme y dar las gracias como siempre lo hacía. 

Tratamos de comunicarnos, pero mi falta de habla no ayudaba mucho. Así, ella propuso hablar mientras que yo solo escribía. Se interesó mucho en mis dibujos y pinturas. Me propuso iniciar una relación de amistad y, si funcionaba, podríamos pasar a algo amoroso.  Así inicié mi trato con ella.
Estoy en deuda con el pequeño Diego.


domingo, 10 de marzo de 2013

Reencontrando la fe...


Mis padres a pesar de la pobreza que poseíamos me dieron una buena vida. Era tan agraciada mi infancia en presencia de ellos. Mi educación era muy diferente a la de todos mis amigos. Me daban todo lo necesario para que alcanzara momentos de felicidad. Únicamente se molestaban cuando me comportaba mal en clases. Liberé mis estudios hasta medio superior, en realidad no terminé.

El perecer de mis padres fue muy decepcionante. Mi padre matado a la mala. Él solo pretendía defendernos. Mi madre enfermó. Simplemente dejo de; comer, reír e incluso de preocuparse por mí. Falleció por la ausencia de mi padre y una enfermedad extraña. Una amiga de mis padres nos medicaba cuando enfermábamos. En esta ocasión ella no pudo hacer nada.

Antes de que mis padres fallecieran. Sufrí un ligero golpe en la nuca con un trueno demasiado fuerte.Fue como si un cohete me explotara.  Caí desmayado. Al volver en sí, ya no escuchaba ningún sonido ni palabra pronunciada por mí o por alguno de los demás. Pensé que había hecho algo malo y por eso nadie me hablaba. Afortunadamente sabía leer y escribir. Esto me ayudó mucho. Después de todo tenia fe y esperanza de ser como antes.

A la edad de 17 años, yo partí rumbo la ciudad. Mi nueva vida había comenzado. En la ciudad conocí a un chico, tenía el mismo problema que yo. Me enseño la manera de comunicarme por medio de señas y gestos. Ralph, fue el maestro más joven que tuve. Aprendí mucho de él y se lo agradezco.


Mi vida nuevamente tiene colores. Me han dejado usar un poco más el aparato para oír. En ocasiones me espanto de tanto sonido que escucho. He aprendido a pronunciar más palabras. Todavía no aprendo a decir: gracias. 


El día esperado llegó. Ella está en primera fila. Espera ver el mejor espectáculo del circo. Cambiaré de rutina, una donde pueda expresar mis sentimientos hacia el amor por ella y por el arte.
Me sigue atrayendo y quiero impresionarla. Estoy tan nervioso...
Antes de cada acto, pienso en mis padres y les agradezco todo. Al principio del espectáculo busco a Amalia. Quizá algún día se presente en el circo. Sería sorprendente verla. No sé qué haría para impresionarla y expresar lo que siento. Ser mimo es un arte y ella es crítica de lo mismo. Así que, vivo con la esperanza y  la fe de verla nuevamente.

domingo, 3 de marzo de 2013

Descubriendo mi faceta


Tengo tres animales que se han encariñado conmigo. Hoy, gastaré el último centavo que tengo en comida. En lo único que pienso es en Dios, nunca le he visto y, sin embargo, no digo que no exista.           
            Han pasado dos días y sigo buscando trabajo. Es difícil encontrarlo por mis problemas del habla. He buscado algún lugar donde pueda pintar o dibujar, pero no lo hay.
Después de pensar que todo estaba perdido y que jamás podría conseguir trabajo, me encontré con un anuncio de un circo. Conseguí el puesto de mimo.  ¡Ser mimo será fácil!

Siempre he pensado que el arte, cuando es bueno, habla por sí solo. Esta vez, lograré que mi acto lo haga. Me dieron la oportunidad de realizar mi escenografía y mi rutina. Hasta prometieron ayudarme con mi problema del habla.
            Afortunadamente, me ha ido muy bien trabajando en el circo. Personas de otros lugares vienen a ver mi acto. En carteleras y anuncios veo mi nombre: “El grandioso Leo, el mejor mimo de la historia”. He logrado rentar una casa en donde me aceptaron con mis tres mascotas. 


            En cuanto a ella, la he visto en portadas de revistas. Es famosa y una de las mejores críticas de arte. Han pasado varios días. Creo que por fin la he logrado olvidar. Después de tanto coraje supongo que el corazón está mejor. Solo me duele cuando late.
Mi tratamiento ha ido mejorando. Ya puedo escuchar y mis palabras aún son torpes. Es de esperarse, después de tanto tiempo sin decir ni escuchar nada. Creo que aprendo rápido.
Es gracioso. Usé mis primeras tres palabras para nombrar a mis mascotas.
Palabras altisonantes las escucho diario. No importa. Creo que la siguiente palabra que pronunciaré será una grosería. Así podré defenderme de los demás.
Hace unos 15 años, yo podía hablar y escuchar. Recuerdo que mis padres algún día dijeron Si salimos de esta pobreza, volverás a oír.  Jamás logramos pagar el tratamiento. Aún confío en que lograré hablar y escuchar nuevamente.
Mi patrón me ha comprado el tratamiento para volver a escuchar. Es muy divertido y grandioso. Después de 15 años he vuelto a escuchar. ¡Estoy contento!


Mis mascotas ahora tienen nombre. Tres nombres, en realidad son las primeras palabras que volví a pronunciar. Se llaman “Jha”, “Rha” y “Mho”. En realidad son raros sus nombres, lo sé. Al menos mis dos gatos y mi perro sí me entienden y saben que esos son su nombres.

domingo, 24 de febrero de 2013

Un poco de impotencia


           Conozco el parque desde hace muchos años. Recordaba que jamás había visto una mujer así.
            Toda la gente conocía al dibujante del parque, yo, pero eso no me importaba. Yo quería que ella supiera de mi existencia.
Cada tarde, me retiraba con una sonrisa; pintar y dibujar me la producían.




            Una mañana, comprando carboncillos con  el señor Pedro, la vi feliz platicando con un hombre a unos metros. Portaba buen traje, corbata, zapatos y cinturón con iniciales las LP. Me di cuenta de que él era muy buen candidato. Ella estaba a gusto con él.
Lleno de odio, rabia y coraje, pagué los carboncillos y me dirigí al el parque.
            Llegando al parque, un niño me esperaba con las flores. Las compraba diario para ella. En ese momento le arrebaté las flores, las tiré al suelo y comencé a pisarlas. Solo así tranquilicé mi coraje. Después se las pagué al niño y me arrepentí de haberles hecho eso. Nunca pensé en llevárselas al panteón y ponerlas en la tumba de mi madre y padre.
            Cuando ella llegó al parque, lo primero que pinté fue un corazón  roto. Al paso de unas horas, comencé a mirarla nuevamente. Sabía que no podía dejar de admirarla por más enojado que estuviera.
            Posteriormente, me percaté de que no podría enamorarla jamás. Mis ánimos se extinguieron. Comencé a dibujar y pintar imágenes nuevas, y  cosas llenas de color negro y rojo, representando sangre y obscuridad.
            Pronto me levanté. Comencé a llorar. Y en segundos solté un puñetazo al caballete y tiré el cuadro que había pintado. Salí corriendo. Parecía caballo desbocado. Tendría que haber corrido varios kilómetros, hasta el otro lado del municipio.  Después de tanto correr, estaba muy cansado y me detuve. Observé alrededor. Me di cuenta de que nunca había estado ahí. Me sentí mal.

             Ella esperaba unas flores como cada día. Yo solo buscaba el pretexto para huir, pero no pude encontrarlo. Solo me sentí decepcionado de mí. Estaba dolido.
No quería vivir en ese instante. Lo único que recordaba eran las iniciales de aquel tipo. Mi potencial se esfumaba cada vez más. No podía imaginar que ella estuviera con otro hombre.
            Esa noche dormí con dos gatos y un perro abandonados. No sé si yo era el que sentía lástima por ellos o ellos por mí. Simplemente dormí. No cabe duda que había perdido mi trabajo, mis ánimos, mis amigos, mi parque y también a ella.
            Prometí que jamás volvería a sentir amor o cariño por alguien. Me resigné y me propuse llevar una nueva vida en aquel barrio bajo, dándole hogar a esos dos gatos y a ese perro.

domingo, 17 de febrero de 2013

Admirador secreto




¿A cuántos no les ha pasado? Tratar de hablarle a otra persona y por temor no hacerlo. ¡Imaginen!, está situación siendo un mudo.




         Dentro del parque, donde: los niños juegan y corren, las familias conviven entre sí, los perros juguetean, los pajarillos vuelan y la brisa del aire golpea los rostros de las personas.
Aquí, es donde diario me dedico a contemplar el paisaje y la alegría de cada persona, para después poder plasmarla en un dibujo.
Mis padres alguna vez me dieron estudio, hicieron todo lo posible, para que pudiera llevar una vida normal.

         Es complicado que la gente te entienda sin poder hablar. Acostumbrado a esto. Lo único que puedo hacer mejor es observar. Entonces, fue cuando observé a esa dama.
Su mirada me cautivo, era tan profunda y linda, tan seductora y muy radiante. A pesar de la distancia que existía entre ella y yo, juraría que vi sus ojos color aceitunado. Fue extraordinario. Sentí que mi pecho estallaba. Sin embargo era raro, ¡imaginen!, el tirar de los caballos de una carrosa, pues así sentía el pecho.
Deje hasta de dibujar por admirarla. Mi pecho saltaba y se dirigía a ella sin haber repulsión alguna.

            Desde entonces no pude olvidar ese domingo 13 de marzo.
Y así pasaron todos los domingos, desde marzo hasta abril. Cinco domingos para ser más exactos, los cuales han sido inolvidables hasta hoy en día.

           Contemplaba su belleza cada fin de semana, y entre más la admiraba,  más me hipnotizaba. Para mi simplemente paso a ser una especie de diosa.

            Un día miércoles, como cualquier otro. Le vi llorando en el quiosco del parque. Quise ir corriendo y preguntar:
            — ¿Quién le había hecho llorar?  pero fue cuando recordé que no podía.
            Entonces solo me quedé dibujándola. Cada lagrima que derramaba, yo daba un borrón y dos trazos.
           Tanta tristeza salía de ella que preferí comprar unas flores y mandárselas. Al principio quise llevarlas yo, pero recordé que no podría hablar. Así que preferí mandar a un adorable infante, que por cierto me estafo pidiéndome una propina. Cuando las recibió, me escondí.

Al menos la distraje un momento y dejo de llorar, pronto comenzó a sonreír.  Me sentí contento, pues prácticamente logré que dejara de llorar. 
La sonrisa, fue por la cara del infante al tratar de señalarme y no encontrarme.

         Pronto lo de las flores se me hizo un hábito, al igual que mandarle uno que otro dibujo.
Entre flores, dibujos y la propina de los infantes. Comencé a sentir algo más grande.
Supe que le intrigaba saber quién era el de las flores y dibujos.
Me convertí en su admirador secreto.